La metodología de proyectos es cada vez más utilizada en todas las áreas de la organización. Ya no se trata de una ciencia reservada a ingenieros y arquitectos o a los grandes proyectos tecnológicos, sino que el lanzamiento de un nuevo producto, la reorganización de un servicio, la implantación de un nuevo software o la apertura de una nueva filial son buenos ejemplos de proyectos. En efecto, son emprendimientos únicos y tienen los tres elementos básicos que los identifican como proyectos: objetivos de alcance o calidad, de costo y de plazo.
Ese carácter único de los proyectos, el objetivo triple y el ambiente cambiante y competitivo hacen que los proyectos tengan una importante componente de riesgo. ¿Aumentará el precio de los insumos? ¿Renunciará a la empresa un programador clave? ¿Lanzará el principal competidor un producto similar al que estamos diseñando? Son algunos ejemplos de los riesgos a que estamos expuestos.
En el entorno actual, ya no se trata de apagar los incendios cuando éstos ocurren, sino de anticiparlos, reducir las probabilidades de que ocurran, mitigar el impacto que causarían, eliminarlos o preparar planes de contingencia para la eventualidad de que aparezcan.
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