En esta descripción del espíritu de la entidad a que nos venimos refiriendo no sería procedente y sería prácticamente imposible nombrar a todos los hombres de negocios que participaron en ESEADE y los respectivos cambios en la conducciones de las empresas y colaboraciones invalorables de muchas personas que destinaron su tiempo y quienes aportaron fondos a título individual. Tampoco resultaría posible en este contexto aludir a los innumerables académicos que en distintas épocas y situaciones contribuyeron con admirable enjundia a trabajar en el corazón de la institución y, asimismo, la eficiencia de cada uno de los integrantes del personal que prestó servicios en distintas etapas y cargos, así como también las ponderadas intervenciones de asesores que se desempeñaron en diversas oportunidades y circunstancias.
En esta reseña telegráfica que, como queda dicho, se limita al espíritu de ESEADE, escrita como consecuencia de la antes aludida invitación, además de mencionar a quienes integraron la Asamblea de Fundadores de la casa, considero de especial relevancia detenerme en dos nombres que representan muy ajustadamente a tantas personas que desde tan diversos orígenes empresarios y académicos hicieron posible la existencia de esta casa de estudios. Se trata de Federico Zorraquín y de Friederich A. Hayek.
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Colación de Grados 1981: Alberto Benegas Lynch (h), Friedrich von Hayek (Presidente del Consejo Consultivo de ESEADE y Premio Nobel) y Alfredo Olaechea |
En el primer caso estimo que representa muy adecuadamente a quienes contribuyeron a ejecutar el proyecto de marras. Eso es así por distintos motivos. Fue la primera persona a la cual invité para que presenciara la presentación sobre ESEADE, la cual se realizó en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, entidad que por entonces me habían convocado como asesor económico. En esa reunión, recuerdo que fue el primero en formular reflexiones y preguntas la cual efectuó con un evidente grado de simpatía hacia las ideas expuestas lo que significó un estímulo para los demás participantes en vista de su prestigio personal. En esa reunión de empresarios participó Manuel F. Ayau, Rector y fundador de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala que fue establecida, precisamente, para contrarrestar la influencia socialista en casas de estudios latinoamericanas, tal como lo recordó en esa oportunidad José Heriberto Martínez, entonces Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de nuestro país. Por mi parte, conocía bien esa Universidad puesto que fui su primer profesor visitante, institución que, a su vez, fue una de mis principales fuentes de inspiración.
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Colación de Grados 1999:
Federico Zorraquín |
Zorraquín financió ESEADE por varios canales dada las varias empresas que dirigía en aquellas circunstancias. Fue el pionero en apoyar económicamente la existencia de la revista académica Libertas, la cual solventó en exclusividad durante los primeros nueve años de vida. Merced a su generosidad fue posible invitar a numerosos profesores visitantes del exterior, la mayor parte de los cuales recibía con afectuosa hospitalidad en su domicilio para agasajarlos. Federico Zorraquín siempre fue una especie de paño de lágrimas para atender con sus consejos las distintas dificultades por las que atravesó esa casa de estudios en sus primeros veintitrés años de vida, afortunadamente ninguna grave pero todas propias del hecho de navegar contra la corriente y de la soledad que, en consecuencia, opera en esas circunstancias. Después del período mencionado, fue designado Presidente del Consejo Directivo de ESEADE, cargo que continúa desempeñando hasta el presente, período en el cual ha debido sortear tempestades desconocidas hasta el momento y de diverso tenor e intensidad. Surge de lo dicho la perseverancia de Zorraquín desde aquel primer contacto hasta el presente. Sin duda que estas tareas no las hubiera podido desempeñar sin el concurso de muchos otros colegas, pero, por las razones apuntadas y, tal como anunciamos, para poder circunscribir nuestra atención al espíritu de ESEADE, mencionamos este nombre como justo representante de tantos esfuerzos loables, unos regulares y otros esporádicos pero todos sumamente gratificantes y comprensivos de la labor emprendida. |