Bases de la Constitución de ESEADE

Por Alberto Benegas Lynch (H) (Rector De ESEADE 1978-2001)

Hay diversas formas de escribir historia en las que se presentan muy distintas avenidas por las que es posible transitar y diferentes facetas a explorar. En esta breve reseña que, por pedido del Consejo de Directivo, me invitó a escribir Carlos Newland, anterior Rector de ESEADE, circunscribiré mi atención al espíritu sobre el que fue establecida esta institución educativa que próximamente cumple treinta años de vida.

Es importante precisar que en esta ocasión no pretendo emprender la tarea de contar la historia de ESEADE en su conjunto, lo cual demandaría mucho más espacio y tiempo, sino que apenas tomo una línea que es la específicamente referida a las ideas capitales sobre la que se fundó esta casa de estudios. Tal vez resulte de interés refrescar las fuentes. Conservo innumerables recuerdos y agradecimientos infinitos de muchas personas tanto en el mundo académico como en de los negocios, pero esta no es la ocasión de hacer referencia a esas valiosas anécdotas ya que, como queda dicho, mi intención es escribir sobre otro tema.

En esta instancia del proceso de evolución cultural, tal como está concebida la acción política en el contexto de marcos democráticos que pretenden apartarse del absolutismo monárquico de antaño, quienes apuntan a ejercer el poder lo deben realizar con un discurso que resulte aceptable para la opinión pública del momento. En esta misma línea argumental, a su vez, la opinión dominante se alimenta de las ideas que mayor peso y difusión logran en esas circunstancias. No resulta posible poner el carro delante de los caballos: no pueden ejecutarse políticas si previamente no se han comprendido en grado suficiente las ideas sobre las que descansan aquellas políticas. Si en un medio hispanoparlante se deseara pronunciar conferencias en sueco, es requisito indispensable que la audiencia esté familiarizada con ese idioma. Del mismo modo ocurre con los postulados de una sociedad abierta, las propuestas correspondientes exigen que, previamente, para contar con un mínimo de aceptación, la audiencia sepa de que se está hablando.

Todos los integrantes de una comunidad, independientemente de cuales sean sus actividades específicas, están interesados en que se los respete, por tanto todos deberían contribuir a ese fin ya sea con tiempo o con recursos. Nada se gana con rasgarse las vestiduras por las intromisiones del aparato estatal en la vida de las personas, si no se trabaja para revertir la situación. No se justifica la actitud de quienes pretenden estar ubicados en una inmensa platea esperando que les resuelvan los problemas quienes están en el escenario. Todos deberíamos contribuir en el escenario sin delegar responsabilidades que nos competen como seres humanos.

Sobre esta base y estas inquietudes se constituyó la institución de posgrado ESEADE. El que estas líneas escribe fue primero Director General y después Rector de esa casa de estudios durante sus primeros veintitrés años de vida y concibió la idea mientras estuvo enseñando en el exterior durante tres años académicos (1973-1976). Antes de esa experiencia, solo marginalmente se dedicaba a la enseñanza universitaria puesto que su principal actividad era en la empresa. La idea surgió como un derivado del aforismo de put your money where your mouth is, es decir, no parecía razonable, conducente ni viable el quejarse por los distintos sucesos que tenían lugar en la Argentina y, al mismo tiempo, no destinar el tiempo suficiente al estudio, la investigación, la docencia, la difusión y la profundización de los principios que, en tiempos pasados, habían hecho de ese país uno de lo mas prósperos del planeta.

Tocqueville, en sus reflexiones sobre el antiguo régimen y la Revolución Francesa, había esbozado la conjetura de que aquellos países que gozaron de gran progreso moral y crematístico dieron esto por sentado, lo cual incentiva a otras generaciones a retirarse del esfuerzo permanente para mantener y acrecentar los valores sobre los que descansa ese progreso y, simultáneamente, permite que los espacios sean ocupados por otras corrientes de opinión. Eso fue lo que ocurrió en nuestro país en cuanto a las variantes marxistas, socialistas, keynesianas, cepalinas y social-demócratas que alimentaron a muy diversos populismos, básicamente, aunque no exclusivamente, de signo nazi-fascista.

Como queda expresado, dado que la raíz del problema estriba en la labor insuficiente en materia educativa, las posibilidades para abordar ese campo eran múltiples pero estimé que para presentar un proyecto que resultara atractivo debía ser al mismo tiempo original. Por ende, trabajé en lo que sería la primera Maestría independiente que se dictaría en la Argentina fuera de la universidad oficial, dirigida al mundo de los negocios pero con una carga académica suficiente en el campo de la economía, el derecho y la filosofía, al efecto de que el futuro dirigente empresario no solo tuviera a su disposición las mejores herramientas de administración sino que se le ofrecerían elementos adecuados para la comprensión del contexto en el que se desenvuelve su empresa. Para poner de relieve la idea esencial de establecer una casa de estudios con el mayor grado de excelencia, preparé un borrador de quienes integrarían el claustro de profesores, la contratación de los primeros investigadores y un Consejo Consultivo integrado por miembros de Academias Nacionales para cuyo diseño colaboró decisivamente un puñado de renombrados docentes de la Universidad de Buenos Aires donde me desempeñaba como profesor.

Durante todo el año 1977 el que suscribe destinó una parte sustancial de su tiempo en reiteradas presentaciones que habitualmente tenían lugar durante desayunos y almuerzos ante la comunidad empresaria al efecto de lograr la financiación del mencionado proyecto y, como apoyo logístico y recordatorio, la circulación de múltiples documentos de diferentes extensiones y significados donde quedaron registradas las ideas básicas para la creación de la nueva entidad. Finalmente se logró el objetivo a principios de 1978 gracias a la comprensión y generosidad de un grupo de empresarios prominentes, los cuales, a poco andar, llegaron a setenta y cuatro entre adherentes y benefactores según las donaciones de becas para que pudieran seleccionarse profesionales a través de un examen de ingreso con independencia del patrimonio del postulante. En otros casos, el empresario enviaba directamente un egresado universitario de su empresa para la utilización de la respectiva beca.

En esta descripción del espíritu de la entidad a que nos venimos refiriendo no sería procedente y sería prácticamente imposible nombrar a todos los hombres de negocios que participaron en ESEADE y los respectivos cambios en la conducciones de las empresas y colaboraciones invalorables de muchas personas que destinaron su tiempo y quienes aportaron fondos a título individual. Tampoco resultaría posible en este contexto aludir a los innumerables académicos que en distintas épocas y situaciones contribuyeron con admirable enjundia a trabajar en el corazón de la institución y, asimismo, la eficiencia de cada uno de los integrantes del personal que prestó servicios en distintas etapas y cargos, así como también las ponderadas intervenciones de asesores que se desempeñaron en diversas oportunidades y circunstancias.

En esta reseña telegráfica que, como queda dicho, se limita al espíritu de ESEADE, escrita como consecuencia de la antes aludida invitación, además de mencionar a quienes integraron la Asamblea de Fundadores de la casa, considero de especial relevancia detenerme en dos nombres que representan muy ajustadamente a tantas personas que desde tan diversos orígenes empresarios y académicos hicieron posible la existencia de esta casa de estudios. Se trata de Federico Zorraquín y de Friederich A. Hayek.

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